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Un sábado de abril cualquiera, en una tienda de un retailer especializado en electrónica de consumo. Lo que se reproduce a continuación es una conversación, como miles que puedan existir entre un responsable de sección y un consumidor al que denominaremos trailblazer:

- Trailblazer: “Buenas tardes, venía comprar la cámara Sony Ziritionic” (no hagáis caso del modelo…)
- Dependiente (sin mirar el monitor de la tienda): “Hola, huy este modelo es muy reciente; no tenemos ahora mismo ninguna unidad en stock”.
- Trailblazer: “Verás, he consultado en vuestra página online justo antes de venir para comprobar que estaba disponible en la tienda. De hecho, he venido a esta tienda precisamente por ello”.
- Dependiente: “Mmm, no deberías hacer mucho caso de lo que dice la web. De todas maneras déjame consultarlo”.

La chica va hasta el fondo de la tienda donde se sube a una escalera para consultar una infinidad de cajas en dos grandes jaulas metálicas. Tras diez minutos de intensa búsqueda, vuelve con la caja de la Ziritionic en la mano.

- Dependiente: “Chaval, has tenido suerte. Ni yo misma sabía que estaba”.
- Trailblazer: “Será suerte…”
- Dependiente: “¿Vas a pagar en efectivo o en tarjeta?”
- Trailblazer: “Me gustaría saber si tenéis alguna tarjeta que sea compatible con la cámara”.
- Dependiente: “Déjame que lo vea. No tengo claro si lleva una SD o una CompactFlash…”
- Trailblazer: “Creo que es una SD… bueno no, de hecho estoy seguro. Dime si tienes alguna que sea rápida”.
- Dependiente: “Tienes 16, 32 o 64 megas. Estas SDXC son las más rápidas. Entiendo que las soporta la cámara, pero déjame que te lo consulte”.
- Trailblazer: “Cogeré la de 64 megas. Entro también en la página de Sony para comprobar que soporta la SDCX”. (No solo entra en la página web de Sony, sino que escanea con su móvil para comprobar que el precio es competitivo respecto a otros retailers).
- Dependiente: “Vale, ya lo tienes. Alguna cosa más?”
- Trailblazer: “¿Alguna funda que vaya con la cámara?”
- Dependiente: “Lo que ves es lo que tenemos” (frase mítica de cualquier dependiente).
- Trailblazer: “Vale, ya la pediré online” (mientras piensa… “lo consultaré en Amazon”).
- Dependiente: (“Seguro que lo acaba comprando en Amazon”).
- Trailblazer: “He visto que tenéis una oferta de la cámara junto a una lente accesoria. ¿Puedes mirar si por casualidad tendrías disponible la lente en la tienda? Y también, ¿cuánto me ahorro?”.
- Dependiente: “No estoy al tanto de la promoción, pero te lo miro”. (Consulta el monitor, busca pack en ofertas, encuentra la oferta mencionada…). “Mmm, no, no lo tengo. Te sale a cuenta, te ahorras 100€”.

El trailblazer, aprovechando ese momento, ha estado consultando los reviews de otros consumidores acerca de la lente. Las valoraciones son buenas. Vale la pena.

- Trailblazer: “¿Puedes mirar disponibilidad en tiendas cercanas, por si acaso?”
- Dependiente: “No la tienes en ninguna tienda, al menos por lo que me indica el sistema”.
- Trailblazer: “¿Puedo acogerme a la promoción y me podríais hacer llegar la lente a casa?”
- Dependiente: “Psiiii, no creo que haya problema”.

La chica formaliza la reserva en el sistema de la tienda y procede a dar el ticket al trailblazer para que pague en la caja.

- Dependiente: (“Menudo listillo. Si ya sabe lo que quiere, que lo compre online. Con este tipo de cliente no haremos nada”).
- Trailblazer: (“Para qué se esfuerzan tanto en que la gente vaya a la tienda, para luego tratarlos a patadas una vez están allí”).

Ya sabemos como acabará la historia. El trailblazer, nada más salir de la tienda, lanzará una rajada en su twitter para quedarse a gusto, pero sobre todo para dar una valiosa recomendación a sus seguidores y a la vez un toque de atención al retailer (si es que éste es capaz de escucharlo).

Si observamos esta pequeña anécdota desde la óptica del retailer nos daremos cuenta hasta qué punto el reto de atender y satisfacer a un trailblazer (y por consiguiente al perfil del futuro consumidor), debería ser una de sus máximas prioridades. Ahí es nada.

Aaron Call, Ingeniero en el Barcelona Supercomputing Center-Centro Nacional de Supercomputación

Aaron Call, Ingeniero en el Barcelona Supercomputing Center-Centro Nacional de Supercomputación


Por Aaron Call

Todo empezó en septiembre de 2012. Mi facultad publicó un anuncio en el que se abría el plazo de inscripciones para un concurso gratuito y online llamado Master the Mainframe. Era la primera vez que oía hablar de los mainframes y, como siempre quiero aprender cosas, me inscribí para conocer lo que era. Más tarde descubrí que era un concurso que se hacía en distintos países en todo el mundo.

En las primeras dos fases del concurso se impartían conocimientos generales del entorno del z/OS, el sistema operativo de los mainframe IBM (aunque también hay otros). En la última, se requería aplicar todos esos conocimientos para instalar una sencilla aplicación web y verla en funcionamiento desde el navegador.

La última pregunta de la última fase “¿Por qué es importante que los servidores permitan que sigan funcionando las aplicaciones antiguas?” era probablemente la más importante. Es la clave para entender las necesidades de las grandes empresas que prestan servicio a millones de clientes en todo el mundo, y también lo que aprendimos más en profundidad en el concurso. Y debo admitir que no la supe responder muy bien: entendía parte del problema, y quizás por eso terminé cuarto, pero no ha sido hasta recientemente cuando he entendido el problema en su conjunto y puedo responder a la pregunta en su totalidad.

Al cabo de un año de ese concurso, hacia febrero de 2014, me preguntaron si estaba interesado en participar en la edición mundial del mismo. Yo pensé que sería igual que la regional, pero más avanzada. Es decir, por internet, un poco de tiempo y más conocimientos. Así que me dije “¿por qué no?”. Mi sorpresa fue cuando me comunicaron que me pagaban un viaje a Nueva York para participar con 42 concursantes más de todo el mundo, y más tarde supe que además incluía una visita guiada por la “System Z plant” de IBM en Poughkeepsie, la fábrica de mainframes de IBM.

En marzo empezó el concurso, durante el cual técnicos de IBM nos dieron conocimientos más avanzados de los mainframes y de los pilares fundamentales de la arquitectura de aplicaciones capaces de prestar servicio a millones de usuarios concurrentemente. Uno de ellos, excelente profesor con muchísimos años de experiencia en el mundo de los mainframes, en una charla informal nos comentó que incluso le llegaron a echar de una empresa porque sabía demasiado de todos los ámbitos de los sistemas, y que por eso ¡era peligroso! Esas conferencias junto con la visita guiada por la ciudad IBM en Poughkeepsie me ayudaron a entender en conjunto el mundo de los mainframes y por qué siguen siendo tan cruciales después de los años (¡en 2014 se cumple el 50 aniversario de su creación, nada menos!).

A la vez que aprendíamos, debíamos ir desarrollando nuestra propia aplicación capaz de hacer depósitos y extracciones bancarias, con la base de datos alojada en un mainframe (un System zEC12, el más reciente de IBM). De modo que nos fuimos a Nueva York a presentar la aplicación, cómo la habíamos hecho y de qué particularidades la habíamos dotado nosotros para diferenciarnos de los demás concursantes. Primero hubo una fase eliminatoria, tras la cual solo seis de nosotros tuvimos la inmensa suerte de pasar a la ronda final y presentar nuestro trabajo ante un panel de jueces, personas procedentes de diversas universidades y empresas (MetLife Insurance, VISA, First Citizens Bank, Syracuse University, Lake Brantley High School y BlueCross BlueShield of SC) con amplios conocimientos del sector que evaluaron nuestros trabajos. Finalmente, quedé orgullosamente en 6º lugar, pero una vez en Nueva York la verdad es que nada de eso importaba ya.

Lo verdaderamente apasionante fue conocer a tantísima gente de tantos lugares del mundo y labrar grandes amistades. Sin duda, una experiencia que ha cambiado mi vida y mi forma de ver las cosas. Y por eso ya estoy deseoso de que llegue el invierno, porque veré a unos cuantos de esos nuevos amigos otra vez.

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Jorge Mosquera, Responsable de Marketing IBM PureSystems

Jorge Mosquera, Responsable de Marketing IBM PureSystems


Por Jorge Mosquera

Mucho se comenta en tecnología sobre la implantación de Cloud, SaaS, el reto de Big Data y la importancia de una estrategia móvil en plena era digital. Estos, entre otros, son retos en los que a diario se plantean nuevas áreas de análisis y cada visión difiere según el proveedor con que se mire.

Pero desde un punto de vista tecnológico puede parecer que esta visión va muy por delante de las capacidades reales que tienen las áreas de TI. Lamentablemente, en numerosas ocasiones, la carencia de recursos hace que no se den las condiciones apropiadas para que el servicio que TI nos da a los usuarios de negocio sea óptimo. Pero lo crítico muchas veces es que los proyectos de TI no paran de crecer.

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Normalmente es en el área de desarrollo de software donde se hacen realidad las demandas de la dirección. Estos requerimientos ayudan a la compañía a ejecutar la estrategia y el plan de negocio pero no siempre es así. Según un estudio llevado a cabo a más de 400 ejecutivos, el 54% considera que desarrollo de software es un área crítica, pero sólo un 25% la aprovechan de un modo eficaz.

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¿Cómo conseguir acelerar el despliegue de aplicaciones?

Principalmente hay dos puntos críticos en esta área: la infraestructura y el software. Es importante que los sistemas también estén alineados y se adapten a estas demandas tan exigentes, facilitando el trabajo a los departamentos de TI. No puedo aspirar a ganar una maratón llevando alpargatas; aunque probablemente pueda acabar la carrera, no subiré al podio, pues a mi alrededor siempre habrá gente mejor preparada. Con la tecnología empresarial sucede algo parecido, siempre hay competidores que se anticipan y no hay que quedarse rezagado.

Supongamos que necesito implementar mi aplicación móvil para dar servicio a mis usuarios o clientes. Para ello dispongo de un PureApplication, un sistema abierto de gestión de aplicaciones que podré administrar yo mismo de un modo integrado. Sin olvidarme de que este software y hardware pre-integrados me permiten utilizar cualquier software en un patrón que aprovecha mi experiencia una y otra vez, evitando que cometa posibles errores en los procesos repetitivos que se generan en mi trabajo y reduciendo el “time to market”, tiempo de despliegue de aplicaciones.

El uso de estos patrones me aporta un ahorro de tiempo enorme y me permite ser capaz, a base de unos pocos clicks, de tener la aplicación con todos sus componentes funcionando. Solo tengo que definir previamente la arquitectura de la aplicación, con todos sus componentes y replicar las veces que necesite. Todo ello gestionado desde una única interfaz y con la elasticidad requerida para que el sistema atienda los picos de demanda de esa aplicación crítica de negocio.

¿A qué podría destinar el tiempo ganado con una tecnología así?

Sígueme en Twitter: @mosquera83

Ha pasado ya casi medio año desde que, cada vez que tengo oportunidad, les hablo a mis clientes acerca de parar un momento, reflexionar y pensar tan solo un minuto sobre el dilema del ‘big data’ en las empresas:

El volumen de datos corporativos está creciendo de media a una tasa del 40% al 60% anual debido a un número de factores, incluyendo la explosión de los datos no estructurados, tales como el email y los documentos, que tienen que ser almacenados para cumplir con los requerimientos regulatorios que continúan evolucionando y cambiando.

 

“El almacenamiento es barato” ya no es más tiempo la respuesta porque el crecimiento está definitivamente fuera de control, hecho que representa un enorme reto para las organizaciones de IT:

Coste Valor Riesgo

Desde mi rol en IBM, puedo ver cómo nuestros clientes se enfrentan con volúmenes de datos crecientes: El valor decrece con el tiempo, pero el coste y el riesgo no lo hacen.

  1. El coste no decrece a medida que lo hace el valor porque los datos continúan siendo gestionados (backups, duplicaciones, replicaciones) en la misma y cara infraestructura que ya consumían cuando tenían valor.
  2. El riesgo aumenta conforme se va perdiendo el contexto de la información y ésta es difícil de extraer en litigios e investigaciones.
  3. El valor no se mantiene a medida que el volumen crece, el contenido envejece y el contexto se pierde.

Como dijo Sheila Childs (Research VP, Gartner), la mejor manera de reducir la gran cantidad de datos a los que se enfrentan las empresas hoy en día es eliminarlos. Pero la cuestión que surge en este punto es… ¿cómo?

Tengo que decir que ya existen organizaciones muy conscientes de este problema: Han visto crecer sus datos en una tasa anual del 50%, siendo el 80% de los mismos información no estructurada. Y muchas de estas empresas, siguiendo nuestra recomendación, han comenzado una iniciativa de mejora de la “gestión” de esta cantidad de datos con el objetivo de asegurar la retención de los datos críticos para su negocio mientras que practican una buena política de gobernación de la información. Se han embarcado, por tanto, en un esfuerzo de ‘data clean-up’ mediante la búsqueda de datos ROT (Redundantes, Obsoletos y Triviales).

A continuación os presento una demo muy breve de IBM StoredIQ, nuestro software bandera que permite -de una manera sencilla e intuitiva- encontrar, clasificar y remediar los datos redundantes, obsoletos y triviales para reducir el riesgo y coste del almacenamiento de la información.

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Y con el video anterior, termina este post relativo a la eliminación de datos antiguos en las compañías. Deseando escuchar vuestros comentarios, ideas y sugerencias acerca de esta propuesta, me despido haciéndoos esta pregunta: ¿Está VUESTRA empresa preparada para la era del “Information Lifecycle Governance”?

 

Siguiendo el hilo del anterior post, vamos a centrarnos en esta última categoría, la de los trailblazers. Sigamos pues sus pistas.

Estos trailblazers, que suponen tan solo un 12% del total de consumidores encuestados, nos dan muchísimas pistas de lo que se puede intuir como el consumidor “tipo” en los años venideros. Estos consumidores viven con su móvil (son los denominados mobile-centric shoppers), son inquietos y activos socialmente y ya no distinguen el concepto tradicional de canal cuando se relacionan con un retailer.

Y no es fácil encasillarlos en un estereotipo. En primer lugar, porque un trailblazer se caracteriza por su actitud al combinar tecnología y shopping, que no va ligada a la compra de una determinada categoría de artículos. No funciona el “soy un trailblazer cuando compro electrónica y no lo soy cuando compro ropa”. En segundo lugar porque, aunque el 50% de trailblazers se sitúan en la franja de edad de los 18 a los 24 años, encontramos también trailblazers en la franja comprendida entre los 30 y los 50 años.

¿Y qué es lo que caracteriza a este grupo creciente de consumidores? Pues básicamente lo que estos le demandan al retailer cuando compran, que viene desglosado en tres conceptos: “déjame hacerlo a mí”, “dame visibilidad” y “sé coherente conmigo”. Vamos a ver cada uno de ellos.

El primero, “déjame hacerlo a mí”, es toda una declaración de principios. El trailblazer está “technology empowered” (o lo que es casi lo mismo, “mobile empowered”). Ello quiere decir que lo que le pide por encima de todo al retailer son una serie de servicios donde él pueda escoger: reserva de productos para los que no hay disponibilidad, recogida en tienda o en cualquier punto que le sea conveniente y un sinfín más de combinaciones de puro servicio al cliente.

Dos aspectos interesantes más dentro de este “do-it-myself”. El primero: quieren utilizar tecnología que les facilite la experiencia de compra, tales como el escaneo de productos mediante su móvil. El segundo: quieren “controlar” la comunicación que tienen con su retailer. Ello implica la manera, el momento, el canal y los contenidos (personalizados, por supuesto) de estas comunicaciones, siempre a su petición. En resumen, como decía en un post reciente, quieren ser los guionistas de su propia experiencia de compra.

El segundo aspecto, “dame visibilidad”, es una consecuencia del primero. Si me dejas a mí como consumidor tener control de los servicios y de la relación, lo que exijo es visibilidad sobre los pedidos, mi histórico de compra, mis vales descuento, etc. Sin sorpresas. Todo claro y cristalino.

Y el tercer aspecto, “sé coherente conmigo” implica que, por encima de todo, el trailblazer quiere que el retailer sea consistente en cada uno de sus canales y puntos de interacción. Ello suponeuna petición al retailer para que sea claro cuando existen distintas políticas de aplicación de precios, descuentos, ventajas como cliente, en los canales online y de tienda.

¿Qué es lo que todo esto implica para el retailer? La receta parece ir por aquí: “acércate a los trailblazers y experimenta con ellos, utiliza sus mismas “armas”, sé exquisito en brindar todos los servicios que esperan y, si es posible, sorpréndelos. Sorpréndelos hasta que salga de sus tweets un “se lo han currado” cuando se refieran a ti como su retailer favorito.

La manera en que este tipo de consumidor se relaciona hoy con el retailer va a ser la norma con todos los consumidores en muy poco tiempo. Por todo ello, vale la pena entenderlos mejor que nadie y atenderlos… hasta “engancharlos”.

¿Por dónde empezamos? De momento, siguiendo las pistas que nos van dejando y que nos ayudarán a identificarlos entre nuestros clientes. Lo siguiente, experimentar y aprender con ellos. El reto de los trailblazers está servido.

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