Instrumented Interconnecteds Intelligent

La construcción de un
planeta más inteligente.
El blog de un planeta más inteligente.


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Sonia Batanero Henche, Directora de Marketing, IBM Software Group SPGI

Sonia Batanero Henche, Directora de Marketing, IBM Software Group SPGI


Por Sonia Batanero

En IBM, todos los años emprendemos un viaje especial, un viaje en el que origen y destino son nuestros clientes. Este viaje es IBM Business Connect, #START015, nuestro mayor evento de software del año, en el que queremos acercar a nuestros clientes, socios de negocio, expertos y prensa todo lo que las soluciones de IBM son capaces de hacer.

Es cierto que todas las grandes empresas celebran, al menos una vez al año, un encuentro de características similares, pero en #START015 queremos hacer algo distinto, un evento útil, que aporte valor en todos los sentidos y direcciones. Un evento que no se limite a mostrar nuestra tecnología, sino que sirva como punto de encuentro e intercambio de información que nos haga avanzar a todos y seguir mejorando. Este año nos hemos querido centrar en las áreas que consideramos críticas en el mercado, es decir: Cloud, Big Data & Analytics, Movilidad, Seguridad, Social Business y Smarter Solutions.

Esta vez no seremos nosotros quienes hablemos de nuestros productos, sino que queremos que sean nuestros clientes los que expliquen cómo el uso de los mismos ha mejorado su día a día y optimizado sus operaciones. Hemos apostado por un modelo de “ver y tocar”, en el que los asistentes consigan una experiencia de valor para sus negocios, que les permita seguir creciendo y diferenciarse de su competencia. Se trata de transmitir cómo lo importante no es sólo la herramienta, sino el uso que se hace de ella y la interacción de la misma con las personas. Pues, al final, somos las personas las que hacemos a las compañías y organizaciones.

Os esperamo en #START015.

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Belén Gancedo, Directora de Soluciones de Colaboración de IBM España, Portugal, Grecia e Israel

Belén Gancedo, Directora de Soluciones de Colaboración de IBM España, Portugal, Grecia e Israel


Por Belén Gancedo

Hoy día, la dinámica del mercado evoluciona incluso con más rapidez de la deseada por la mayoría de las empresas y muchas apenas son capaces de gestionar los cambios correctamente y aprovechar todas sus ventajas.

La aparición de nuevas tecnologías pone a disposición de los responsables de Recursos Humanos herramientas e información que nunca antes habían tenido a su alcance. En nuestra vida diaria, muchos apenas podemos separarnos de nuestros dispositivos móviles personales, las redes sociales se han convertido en instrumentos que nos ayudan a encontrar trabajo y en el entorno laboral cada vez exigimos más flexibilidad.

El desafío para muchas organizaciones radica en su capacidad para comprender mejor a los empleados como individuos mientras gestionan el cambio necesario para liberar todo su potencial y transformar la fuerza de trabajo. De hecho, un estudio realizado por IBM descubrió que solo el 20% de los líderes empresariales sienten que han conseguido gestionar el cambio con éxito en toda su organización y únicamente el 40% piensa que cuentan con las capacidades adecuadas para gestionarlo en el futuro.

Los directores de RR.HH. buscan un nuevo enfoque para atraer y retener el talento, implantar la cultura organizativa adecuada y adaptarse para aprovechar las nuevas oportunidades del mercado.

Toda esta transformación precisa apostar por la innovación, sobre todo a la hora de buscar nuevas soluciones que den respuesta a algunos de los retos y problemas tradicionalmente más habituales:

¿Cómo hacer frente a la falta de compromiso de los empleados? Es necesario construir un entorno de trabajo basado en la confianza, la transparencia y la capacidad de respuesta a través de herramientas de colaboración social y analítica avanzada.

¿Cómo afrontar el conflicto generacional? Es importante centrarse en los puntos en común en lugar de en las diferencias y fomentar una cultura de trabajo que incluya a todos los grupos de edad.

¿Cómo buscar al candidato perfecto para el puesto de trabajo? Podemos utilizar técnicas de análisis predictivo para identificar y retener a los mejores empleados.

¿Innovar es compatible con pensar en obtener resultados a corto plazo? Tenemos que ver como prioridad el que los empleados sean capaces de trabajar con productos y soluciones de vanguardia, innovadoras, que no estén obligatoriamente vinculadas a beneficios trimestrales.

¿Qué hacer si la tecnología cambia a un ritmo que las personas no pueden seguir? Es importante fomentar una cultura de aprendizaje constante, que permita la mejora de las habilidades y ayude a la formación.

En definitiva, la irrupción de las tecnologías cloud, las redes sociales y el Big Data está transformando la manera de trabajar de los departamentos de Recursos Humanos, modificando los procesos de contratación, el compromiso de los empleados, la formación, el aprendizaje y el desarrollo profesional.

El uso inteligente de todas estas nuevas tecnologías permitirá que las empresas comprendan y prevean mejor el comportamiento, compartan los conocimientos y asignen los trabajos más adecuados a cada empleado con una precisión desconocida hasta la fecha. Este nivel de precisión hace posible que las organizaciones establezcan ciclos de desarrollo integrales que aborden las habilidades, deseos, preocupaciones y expectativas de cada trabajador y los alinee con los objetivos empresariales. De esta forma estamos invirtiendo en el éxito a largo plazo de los empleados y, en consecuencia, de las empresas.

Ignacio Alonso Delgado, Especialista en soluciones de Business Intelligence y Social Business, IBM España

Ignacio Alonso Delgado, Especialista en soluciones de Business Intelligence y Social Business, IBM España


Por Ignacio Alonso Delgado

Recuerdo perfectamente aquel día de mayo del 2007. Era primera hora por la mañana, y un amigo de la Facultad se acercó a mi con la cara llena de ilusión y me dijo, «¡Mira esta web! Se llama Twitter, es una página donde puedes escribir notas de 140 caracteres como máximo, ¡tienes que registrarte, está genial!».

No era la primera vez que escuchaba eso de “Tui…” no sé qué. Unos meses atrás, otro amigo me lo había estado enseñando, pero sinceramente, no le encontraba la gracia a tener sólo 140 caracteres. Por no hablar de que la web fuera todo texto, sin ninguna imagen (salvo las de los avatares). En aquella primera “intentona”, me negué en rotundo. «Nunca me verán ahí dentro, vaya tontería», me decía a mi mismo.

Sin embargo, en esos meses de negación, no paraba de escuchar cosas por la Facultad. Aquello crecía a una velocidad vertiginosa: “¿Cuál es tu cuenta de Twitter?”, “¡Ya tengo 112 followers!”. Como todo en las Facultades, o estás dentro, o no estás, y si aquello tenía relación con Internet, yo tenía que estar. Así que aquel día de mayo, me decidí y abrí mi cuenta personal de Twitter.

Twitter, y en general todas las Redes Sociales (RRSS) que conocemos y usamos hoy en día, ha sufrido una explosión exponencial desde 2005. Se ha producido, desde mi punto de vista, una situación muy curiosa. Antes de que existieran, el niño que no tenía bicicleta en el pueblo era excluido del grupo; hoy en día ocurre algo similar con las RRSS. Hay gente que tiene cuenta, sólo por decir el típico: “si claro, yo tengo cuenta”.

El fenómeno de las RRSS me apasiona. Es una forma de contar al mundo tus inquietudes, expresar opiniones de forma inmediata y, sobre todo y muy importante, de forma libre. Es precisamente esa libertad la que nos lleva a muchos a volcar sensaciones y emociones que nos definen como personas; un libro abierto de nosotros mismos.

Para cualquier compañía, esto se vuelve muy atractivo. Cada vez conocemos de más soluciones analíticas que nos ayudan a filtrar los contenidos de estas redes y nos dan respuestas a preguntas de negocio como: ¿A los clientes les gusta la última colección/producto/servicio que acaba de sacar mi empresa? ¿Qué aspectos no les gustan? ¿Qué factores destacan mis clientes de mi competencia? ¿Hay algún malentendido que nuestro equipo de Marketing deba aclarar para proteger nuestra imagen de marca? Soluciones como IBM Social Media Analytics nos permiten tener una visión del “sentimiento” de los comentarios, pudiendo lanzar análisis de las diferentes campañas y obtener insight social mediante la evaluación, segmentación, relación y descubrimiento de los temas de conversación.

Sin embargo, debemos tener en cuenta que hemos pasado de un modelo de relación con el cliente que empezó siendo general (llegando a todos por igual), pasó por la segmentación de poblaciones y que ahora mismo es totalmente individualista (y donde se persigue la idea de generar modelos 360º de cada persona, con sus gustos e inquietudes personales). Y con la misma velocidad que se mueven las Redes Sociales e Internet en general, se mueven las soluciones. Un ejemplo de esto es “System-U”, un desarrollo de IBM liderado por Michelle Zhou, que es capaz de analizar los últimos tweets de un cliente y crear un perfil de éste, para adecuar las promociones y servicios que se le ofrecen de forma individual y con una exactitud del 80%, según Zhou. Este software es capaz de sacar conclusiones sobre nuestra personalidad, comportamientos, necesidades y valores, propios de cada persona.

Tal y como me pasó a mi, al principio puedes negarte, pero llega un momento en que tienes que aceptarlo y vivir con ello. Las Redes Sociales están aquí para quedarse. Ya se llame Twitter, Linkedin o Facebook. Ya duren eternamente o surjan nuevos nombres de Redes. Así que tanto las personas como las empresas pueden estar en ellas, tanto a la escucha como en la acción, desarrollando lo que se conoce como “Observatorios Sociales”, o no estar. Sabiendo que, si no están alerta, puede que los otros niños no quieran jugar con ellos en la plaza del pueblo.

Darío Gil, Director, Symbiotic Cognitive Systems, IBM Research

Darío Gil, Director, Symbiotic Cognitive Systems, IBM Research


Por Darío Gil

El desarrollo de tecnologías capaces de multiplicar nuestra capacidad muscular liberó al hombre de buena parte de la servidumbre del trabajo físico y transformó el mundo; del mismo modo, las tecnologías que permiten ampliar nuestra capacidad mental tienen un potencial de transformación aún mayor. Nos proporcionan un horizonte inmediato en el que nuestras decisiones se verán enriquecidas por unos nuevos compañeros de viaje: los “cogs”.

Pero antes de presentar a estos nuevos socios, creo que es necesario reflexionar sobre el rol singular que desempeña la tecnología, tanto desde el punto de vista utópico como distópico. La dimensión utópica del progreso tecnológico contempla un nirvana en el horizonte, en el que los infortunios humanos son vencidos por una vida de plenitud, en la cual máquinas inteligentes hacen nuestro trabajo y el ocio es la norma. Por su lado, la visión distópica pone el acento en nuestras limitaciones y arrogancia, y habla de la creación de poderes que no podemos controlar y que terminan en conflictos existenciales. El mundo de la inteligencia artificial ha generado numerosas historias, tanto utópicas como distópicas, aunque estas últimas se prestan mucho mejor a convertirse en guiones cinematográficos…

Al principio los ordenadores eran aburridos, un mundo de números y cálculos, pero, a medida que se iban haciendo más interesantes, nos las arreglamos para acabar con uno en cada bolsillo. Aun así, y a pesar de los múltiples usos que les encontramos, nunca nos sorprendían, no entendían nuestro idioma, no tenían conocimiento, eran cualquier cosa menos impredecibles.

Ahora las cosas están cambiando: en un alarde de inventiva, los científicos e ingenieros consiguen verdaderas proezas con nuestras nuevas máquinas. ¿Por qué no derrotar a un humano al ajedrez? Un ordenador pudo hacerlo. ¿Por qué no ganar a los mejores concursantes de Jeopardy? También se hizo. A medida que nos acercamos a terrenos que consideramos pertenecen en exclusiva al ámbito de la inteligencia humana, nos empezamos a preguntar, alarmados: ¿qué está pasando? ¿Se va a crear realmente una nueva inteligencia?

Lo cierto es que algo notable está ocurriendo. La convergencia de tres potentes tendencias en el mundo de las tecnologías de la información está provocando un renacimiento en el campo de la inteligencia artificial: 1) se está digitalizando una enorme cantidad de conocimiento y experiencia humanos; 2) se han desarrollado nuevos algoritmos muy potentes de aprendizaje, capaces de aprender a través de ejemplos; 3) la ley de Moore continúa vigente, se sigue duplicando la potencia de los ordenadores cada 18 meses. El conocimiento digitalizado se utiliza para entrenar a los algoritmos de aprendizaje, que en último término son capaces de operar a la escala y con la velocidad necesarias gracias a nuestras máquinas súper potentes. Ya sea aplicándolas a la robótica, a los coches que se conducen a sí mismos, al reconocimiento del habla o de imágenes, al diagnóstico médico o al marketing, las aplicaciones pueden ser tan variadas como patrones quedan por descubrir.

El descubrimiento de patrones está muy relacionado con la inteligencia y la pericia. Un gran maestro de ajedrez ve y actúa sobre patrones del tablero que son invisibles para la mayoría de nosotros. Un anestesista sintetiza docenas de señales simultáneas y toma decisiones de vida o muerte, en segundos, durante horas. Después de miles de horas de práctica, han desarrollado la experiencia que les permite tomar el tipo de decisiones que asociamos con un “experto”. Esta experiencia informa cada una de sus decisiones profesionales y hace posible que las tomen sin la apariencia de esfuerzo.

A menudo, sin embargo, nuestra experiencia, por buena que sea, no basta. A veces nuestro entorno es mucho más impredecible de lo que imaginamos, vemos patrones causales donde no los hay. Otras veces nuestra experiencia no es tan amplia como pensamos, podemos pecar de confiados y cometer graves errores. Los científicos que estudian la toma de decisiones han catalogado docenas de errores sistemáticos que todos cometemos en ese proceso (para aprender más de cómo tomamos decisiones y de los errores que cometemos recomiendo de manera entusiasta leer la obra Daniel Kahneman, psicólogo y premio Nobel de Economía).

La llamada computación cognitiva constituye el futuro, ya que nos permite llenar nuestras lagunas de conocimiento y mitigar nuestros prejuicios en la toma de decisiones. Podremos establecer más conexiones, discernir más patrones complejos y generar mejores conocimientos, dándonos así más confianza para tomar mejores decisiones.

Se trata de un nuevo modelo computacional en el que el sistema se relaciona con nosotros y nosotros con él. Trabajar con un sistema cognitivo es un diálogo, una relación simbiótica. Nosotros proporcionamos los problemas, el contexto, nuestra experiencia, sentido común y valores. El sistema cognitivo aporta su capacidad de análisis y descubrimiento, insuperable en su habilidad para establecer conexiones y extraer las fuentes más relevantes a través de todo el conocimiento digital disponible. Ambas partes se benefician: nosotros tomamos mejores decisiones y el sistema se vuelve más inteligente a medida que lo utilizamos. Así es como Watson, nuestro primer sistema cognitivo, está trabajando ya con algunos de los mejores oncólogos y especialistas en genoma del mundo para contribuir al futuro de la medicina.

El diseño al que aspiramos es aquel en el que los ordenadores operan según nuestros términos, relacionándose con nosotros mediante una combinación de interfaces multimodales basadas en el habla, los gestos y el tacto. Deberían tener capacidades avanzadas de visualización y navegación. Si un sistema cognitivo va a ser copartícipe de nuestras decisiones y nuestras reuniones, deberá comprender el contexto y tendrá que saber comportarse.

Este es el futuro que estamos creando en nuestros laboratorios de IBM. Estamos construyendo entornos cognitivos altamente interactivos, habitados por una población de agentes de software especializados que llamamos “cogs”. Cada “cog” está diseñado para hacer una pequeña tarea concreta: uno puede estar comprobando los datos que mencionamos mientras hablamos, otro se dedica a realizar reconocimiento facial para entender nuestras expresiones, otro nos puede ayudar a razonar para entender una tabla de decisión. Los “cogs” están diseñados para seguir e interactuar con las personas y entre ellos, dentro y a través de una variedad de entornos cotidianos, proporcionando una experiencia computacional coherente en el tiempo y en el espacio. Como son capaces de trabajar unos con otros, podemos utilizar una sociedad de “cogs” para que colaboren con nosotros en la resolución de problemas. En nuestro laboratorio ya los estamos utilizando para explorar la forma en que podemos mejorar la calidad de las decisiones de grupos de profesionales que deben tomar importantes decisiones de negocio.
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En este sentido, me gustaría aportar un poco de tranquilidad sobre el temor de ser sustituidos por máquinas inteligentes. Imaginemos que se desarrolla un nuevo sistema de apoyo a los padres basado en inteligencia artificial, que los expertos demuestran que proporciona sistemáticamente mejores consejos que los que los padres somos capaces de proporcionar. Parece ridículo pensar que ese sistema, por bueno que sea, vaya a reemplazar a los padres; yo nunca aceptaría que una máquina me sustituya en mi papel de padre con mis dos hijas. Sin embargo, sí agradecería un sistema bien diseñado que colaborara conmigo en mis propios términos para ayudarme a ser mejor padre. Educar, relacionarse, aprender, descubrir, crear, no se pueden entender meramente como medios hacia unos fines. Para las personas son fines en sí mismos, y en una sociedad libre y plural su significado y valor no se determina solo por el progreso tecnológico.

Cuidado con los futuros utópicos y distópicos atribuidos a los avances tecnológicos. Lo que a menudo desvelan no es otra cosa que la visión del mensajero.

21/10/2014
10:49
 

¿De qué forma algo físico como el cerebro genera algo no físico como la mente? ¿Qué es algo tan inmaterial como el pensamiento?

He escrito el libro Sobre la conciencia con el objetivo de ofrecer una breve introducción al apasionante fenómeno de la conciencia*. Se trata de una breve obra de 26 páginas en la que abordo algunos de los aspectos del tema. Desde luego, la mayoría de las preguntas no son respondidas. No es que yo no tenga la respuesta, es que nadie la tiene. No en vano, la conciencia es el problema más complejo que tiene planteada la humanidad. Aunque las aproximaciones filosóficas siguen siendo válidas, la ciencia aporta nuevos enfoques al antiguo problema.

“Salgo de casa algo apurado porque es un poco tarde. Una vez en la calle camino unos pasos hasta que me doy cuenta de que no recuerdo donde aparqué el coche. Hago una reconstrucción mental de la tarde de ayer y acude a mi memoria que pasé por la papelería del barrio y compré lápices, lo que me lleva a recordar la calle en la que lo estacioné. Una vez en coche, pongo atención para desaparcar sin golpearlo y me incorporo a la circulación. Pienso que cuando llegue a la oficina el jefe me va a preguntar por el problema de la empresa el Globo…”

El ejemplo anterior es una relación de sucesos desde la perspectiva subjetiva del narrador. Algo que corresponde a lo que el psicólogo William James llamó con acierto el flujo de la conciencia. Algunas características son apreciables con la simple introspección. Es un flujo, sus contenidos cambian constantemente. Es subjetiva, me pasa a mí. Puedo comunicarla con el lenguaje. Y solo cesa cuando ocurre un fascinante suceso biológico: me duermo. Incluso el sueño puede considerarse otra forma de conciencia.

La conciencia es a la vez cercana e inexplicable. El filósofo René Descartes se preguntó de qué podemos estar seguros (la duda metódica) para llegar a la conclusión de que lo único cierto es que tengo vida interna, lo único seguro es la conciencia, mi experiencia, mi pensamiento, el yo. Pienso luego existo, “cogito ergo sum”. Desde que Descartes estableció el dualismo mente cuerpo, el debate permanece. ¿Son dos cosas distintas la mente y el cerebro?

El también filósofo David Chalmers distinguió entre el problema fácil y el problema difícil de la conciencia. El problema fácil consiste en definir lo que se ha llamado los correlatos neurales de la conciencia. Qué hace el cerebro para generar conciencia, qué estructuras cerebrales están implicadas en la conciencia. Es lo que podríamos llamar la ciencia de la conciencia. Este problema fácil es en realidad muy complicado y estamos muy lejos de entender estos correlatos neurales de la conciencia. El problema difícil es que no tenemos la menor idea de cómo una actividad física puede estar relacionada con un actividad mental. Una aproximación actual consiste en no tratar de resolver el problema difícil sino centrarnos en el fácil. Busquemos los correlatos neurales de la conciencia, hagamos ciencia de la conciencia y ya llegarán las soluciones: la solución del problema fácil traerá la solución del difícil.

Los filósofos han dedicado mucho esfuerzo a plantear problemas entorno a la conciencia. Muchos desarrollos terminan en paradojas indemostrables. ¿Cómo puedes convencerme de que no eres un producto de mi imaginación? ¿Puede existir un zombie filosófico que actúe como humano pero no tenga nada humano en el interior, que aparente ser humano pero no sea consciente? ¿Podrías descubrirlo en una reunión?

¿Son conscientes los animales? Probablemente los dueños de mascotas dirán que sí, en alguna medida los animales son conscientes. Cuanto más complejo es el animal más consciente parece ser, pero ¿basta añadir complejidad para generar conciencia? En este sentido,  ¿puede llegar a ser consciente un ordenador?

La mayoría de los procesos mentales son inconscientes. Esto permite trabajar en paralelo y ser multitarea: puedo realizar varias tareas de forma simultánea siempre que no sean muy demandantes cognitivamente. Una vez que he aprendido a montar en bici, no necesito hacerlo de forma consciente. Pero si circulo en bicicleta de montaña por un camino pedregoso dejo de hablar con mi compañero para evitar las piedras del camino. Necesito ser consciente de la conducción.

Contenidos de la conciencia

Contenidos de la conciencia

Uno de los experimentos más usados y concluyentes es el de la rivalidad binocular. Consiste en proyectar en cada ojo de un sujeto una imagen distinta. Por ejemplo, rayas verticales en el ojo derecho y horizontales en el izquierdo. El sujeto nunca ve una mezcla de las dos imágenes sino una alternancia: a veces ve rayas verticales y a veces horizontales. Fíjate en la imagen adjunta. ¿Ves un jarrón o dos caras? El resultado es el mismo que en la rivalidad binocular: o ves una figura o la otra, pero nunca una mezcla.

Esto ha llevado a distintos autores a formular la hipótesis de la coalición de neuronas ganadora. Existe una coalición de neuronas responsable de las rayas verticales proyectadas en el ojo derecho y otra coalición de distintas neuronas proyectadas en el ojo izquierdo. Ambas compiten en una selección darwiniana y la coalición ganadora es consciente siendo la perdedora inconsciente. Segundos después el balance se puede invertir y la ganadora y consciente pasar a ser perdedora e inconsciente.

Gracias a la conciencia realizamos tareas para las que no fuimos genéticamente programados como escribir una ópera o levantar un edificio. Permite los experimentos mentales y algo esencial para la supervivencia, simular el futuro. Y quizá gracias a ella logremos desvelar el problema más complejo al que se enfrenta la humanidad: el misterio de la conciencia.

* La palabra conciencia tiene en español dos acepciones. En esta obra no me refiero a la conciencia moral o el reconocimiento del bien y el mal sino a la acepción que significa “ser consciente, darse cuenta” y que es sinónima de la palabra consciencia. 

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